no es fascismo, ubícate

¿Tiene sentido hablar de fascismo en el siglo XXI? Tras cuatro versiones diferentes de este artículo mi conclusión es que no lo sé. Sin embargo creo que es clave, como mínimo cuestionarnos por qué elegimos usar fascista en lugar de otros términos. Preguntarnos si hay otra palabra que recoja mejor lo que queremos decir y si es así optar por la opción más rigurosa. En lugar de caer en gritar fascista a todo lo que nos suene a autoritarismo, propongo pensar en qué queremos decir realmente cuando usamos un término tan difuso y amplio como “fascista”. 

A primera vista parece un término fácil de definir. Sin embargo, no todo lo que parece fascista lo es. La RAE define fascismo como: “Movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia en la primera mitad del siglo XX, y que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista.”. En cristiano, esto significa que el fascismo se refiere a la ideología y subsecuente régimen que se desarrolló con Mussolini en el siglo XX. Se basa en la reactivación política de la población y en un líder autoritario. Es un fenómeno muy concreto y que se aplica a un determinado momento histórico aislado. 

¿Si el fascismo es un fenómeno exclusivo del siglo XX porque lo utilizamos con frecuencia ahora? Porque no tenemos claro a qué se refiere. La popularización de la terminología política ha hecho que sea un vocabulario en boca de todos. Incluso cuando los conceptos de fondo que definen no están en la mente de los que les dan uso. Esta corrupción del término fascista no es nueva. El británico Orwell, ya habló en 1944 del problema en su artículo ¿Qué es el fascismo? Es tajante en su opinión, para él, fascista ya no significa nada. Si hace 77 años ya se había pervertido el uso de fascimo ahora mi duda es si queda algo de su significado original. Si tiene sentido seguir usándolo. Quizás sería mejor explorar palabras y conceptos como posfascismo y neofascismo. 

El español es un idioma maravilloso con un léxico amplio, especialmente en lo relativo a insultos. Si la intención es llamar a alguien dictatorial, utiliza totalitario o autoritario. Si el objetivo es criticar una política corporativista, critica eso. Pero vamos a dejar de utilizar fascista como un término baúl para denominar todo lo que no nos gusta. Esta es una visión muy purista de la teoría política y lingüística. Sería más fácil entender el uso de fascismo como una crítica a regímenes de extrema derecha de carácter autoritario. El problema es que es poco riguroso, no significa exactamente eso. Puede que de aquí a 100 años el término sea absolutamente intercambiable. Pero eso solo va a pasar si continuamos con el uso incorrecto que le estamos dando al término por vaguería. 

Por no enredarnos más en la maraña que es la terminología de teoría política reduzcámoslo a un ejemplo sencillo, casi pueril. Llamar a cualquier régimen político que nos recuerde al totalitarismo, fascismo es como si empezamos a llamar a todas las frutas con hueso melocotones. Un melocotón y una ciruela tienen algunas características similares, pero cualquiera puede ver que no son lo mismo. Puede que si llamamos a las ciruelas melocotones durante el suficiente tiempo, se nos olvide que no son exactamente la misma fruta. El fascismo tiene el mismo hueso que otros movimientos políticos, eso no los hace idénticos. Sus denominaciones no son intercambiables. 

Una parte de mi se niega a rendirse a la idea de que usar fascismo para referirse a movimientos actuales no es más que un estiramiento conceptual erróneo. Que si eliges ser un vago y llamar a todo fascismo, de acuerdo. Pero tienes que saber que no está bien. El uso de las palabras es importante y tiene consecuencias, seamos más precisos y vamos a usar bien el lenguaje político. Pero yo misma reconozco que no está claro. Que al final es un debate académico y lingüístico tremendamente confuso. Así que a partir de ahora al escuchar el insulto “fascista” me voy a preguntar si detrás hay conocimiento o vaguedad. Os animo a hacer lo mismo.

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